Armas

Armas
Andriy Tkachuk

lunes, 4 de junio de 2007

La Bomba Atómica

La mamá de todas las armas secretas. El 16 de julio de 1945 en Trinity, Nuevo México, durante la detonación de The Gadget -la primera bomba atómica en hacer explosión- J. Robert Oppenheimer, director del proyecto, dijo haber recordado una línea del Bhagavad Gita, "Ahora me he convertido en la muerte, el destructor de mundos". Y tenía toda la razón. The Gadget fue la primera de una sucesión de bombas que hicieron de la guerra a muerte una utopía; a menos que nuestro fin fuera una victoria pírrica. Su uso en nuestros días significaría, con suerte, la destrucción de toda la raza humana. Durante la Guerra Fría, el secreto cambió de manos a través de los servicios de inteligencia, en un recorrido que ya alcanzo las naciones del Medio Oriente.

El Tanque

Recibió su nombre de sus inventores ingleses cuando trataron de engañar a los alemanes durante la Primera Guerra Mundial, haciéndoles creer que estaban desarrollando formas de almacenar agua. La idea original era crear un vehículo que fuese capaz de atravesar las trincheras que hacían inalcanzable el frente occidental. La idea apuntaba al blanco, y pasó de los planos a la realidad casi inmediatamente, alrededor de 1916. Apenas salieron de la fábrica, los ingleses enviaron los primeros tanques a dar la lucha en la batalla de Somme, donde muy tarde comprendieron que para que fuese efectivo, el tanque tenía que usarse en grandes números; para cuando se dieron cuenta de esto, el arma ya no era tan secreta.

La Ametralladora

Por alguna razón, tras la muerte de Napoleón los franceses perdieron toda capacidad de hacer la guerra de forma decente. Y el mejor de ejemplo de esto, fue el caos que significó la invención de la ametralladora y su puesta en uso durante la guerra franco-prusiana en 1870. Confiados y mal guiados, los franchutes pusieron muchas de sus esperanzas en una nueva arma que habían desarrollado y con la cual esperaban ganar la guerra en un abrir y cerrar de ojos: las mitrailleuses. Creadas y construidas en el más absoluto secreto, las tropas francesas no supieron qué hacer con ellas cuando se las entregaron; nadie sabía usarlas. Para colmo, la ametralladora, un arma perfecta contra la infantería, era recomendada por los manuales como arma de largo alcance. La artillería prusiana simplemente los destruyó a punta de cañonazos e implementó su nueva arma secreta: el lanzallamas. Los uniformes blancos, por cierto, no ayudaron mucho tampoco.

La Pólvora

La impresión que los aborígenes americanos sintieron la primera vez que oyeron la explosión de un arma de fuego, debe ser sólo comparable a la del escozor de la gonorrea al rascarse donde antes sólo las ladillas molestaban.Aunque la pólvora era el arma de rigueur -sin querer queriendo- las enfermedades traídas por los conquistadores a América terminaron matando más indígenas que el tino de los soldados de la Corona. Sin embargo, ¿en cuál otra época la ventaja ha sido tan amplia como en la Conquista de América? Entre estornudos y balazos, la pólvora -aunque no secreta, definitivamente desconocida- nos dio donde más nos dolía, igual que la sífilis.

El Fuego Griego

En el año 678, el Califa Suleiman emprendió un ataque naval contra Constantinopla, sólo para ver toda su flota ardiendo súbitamente y tener que huir desesperado tras persignarse a Alá o cualquiera que fuera su dios. La causa era un secreto tan bien guardado por los bizantinos que, apenas unos 50 años tras su aparición, su formula se desvaneció para siempre en el tiempo.

Usando tubos de bronce como mangueras regaban los barcos enemigos con un líquido que -según los aterrorizados sobrevivientes- no se apagaba ni con agua. El mal llamado Fuego Griego parece haber sido algún tipo de mezcla de petróleo, azufre y algún otro carburante. Los bizantinos temían tanto que su formula cayera en manos enemigas, que sólo unos pocos sabían de ella, razón por la cual se perdió tan fácilmente. El Fuego Griego, puede ser considerado, además, como la primera arma psicológica, ya que la mayoría de las referencias históricas, son relatos de soldados en franca huida, al ver a sus compañeros de armas arder sin solución posible.

Arquímedes

Este hombre merece una mención en especial. Arquímedes es en la Historia: Mr. Secret Weapon. A diferencia de Leonardo Da Vinci -quien un montón de años más tarde inventaría toda una serie de aparatos bélicos demoníacos por encargo de los Borgia- los de Arquímedes sí fueron utilizados. Como punto a favor de Arquímedes, casi todas sus creaciones tenían fines defensivos. Sin embargo, su mención aquí será por la obra más imaginativa y poderosa del mundo antiguo: los Espejos Ardientes. Objeto de controversia por considerarse sólo una leyenda, la historia cuenta que el General Romano Marcellus había sitiado Siracusa por mar. Al acercarse a las murallas de la ciudad unos brazos gigantes (cero risas por favor, ver gráfico más arriba) le obligaron a retirarse a -lo que el historiador Cassius Dio llama- sólo un tiro de arco. Es allí cuando el mecanismo de Arquímedes entró en acción, al levantarse unos espejos cóncavos sobre los muros, que reflejaban los rayos del sol sobre la flota de barcos ya en llamas. Claro está que apenas los romanos pudieron tomar la ciudad, el primero que cayó fue el ilustre filósofo griego.

El Hierro

Los Hititas fueron los primeros en conocer el proceso para producir utensilios de hierro, lo cual les dio ventaja sobre sus vecinos, quienes no daban crédito a sus ojos por la dureza y resistencia del nuevo material. Aunque los Hititas no aprovecharon el hierro por completo (de hecho desaparecieron sin que hasta hoy se sepa por qué o cómo), su secreto sólo fue conocido por las naciones vecinas al desaparecer como civilización. Este puede ser catalogado como el secreto mejor guardado de la Historia; la Bomba Atómica tardó sólo un par de años en traspasar la Cortina de Hierro, que por cierto, nada tenía que ver con el metal.